
Ratos de sofá. Atrayente sofá. El caso es que ya no atrae tanto...no se si es cosa mía o no, pero el nivel de atracción del sofá ha disminuido.
La tele llevará apagada unos dos meses y algún que otro perdido día, pero mejor. Supongo que es esta la razón por la que el solitario sofá se encuentra..eso, solitario. Y es que ahora uno se sienta y escucha. Yo, por ejemplo, escucho al hamster de la azotea, ese que gira en la rueda a la que llamamos cerebro. Me dice que echo de menos sonreir por dentro y notar caricias invisibles en la tripa. Me grita que necesito recargar el voltaje durmiendo y recomienda dejar de comer mierda suelta. (Consultar estilo directo: "Deja ya el Mc Donalds, mejores son las albóndigas de Aida")
Es entonces cuando se es consciente del momento, de las horas que han pasado, del movimiento de mi mano. Tipos de rato como este, aunque tontos, necesarios. Y no se tú, pero yo necesito escuchar al roedor, para que me recuerde cuáles eran realmente las albóndigas que me gustaban, para que, por un mini-momento, salga de mi cuerpo y me vea por fuera, de manera objetiva.
Aaah, bostezo. Ya va siendo hora de tumbarme en mi querido, viejo, solo, rotoso, pero fiel sofá.
"Todo viaje, corto o largo, empieza por un paso"
